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„Un idioma, una persona – dos idiomas, dos personas“

Tema del mes septiembre/ octubre 2009
Niños en un banco
Foto: Bernd Böhner

o: ¡No importa lo que haga, nunca consigo contentar a nadie!

Autora: Dudu Sönmezçiçek, de la redacción „Cartas para Padres“, ANE
Traductora: Delia Pereira López


La lengua otorga identidad, amplía fronteras. En un mundo globalizado, en sociedades marcadas por la migración y la movilidad, ya no hay que eliminar fronteras sino superarlas. Y es por esto que cada uno está librado a su facultad de poder expresarse por lo menos en dos idiomas. La Comisión Europea ha acordado que sus ciudadanos deben hablar, además de su lengua materna, por lo menos otro idioma más, y mejor aún si son dos. El aprendizaje de idiomas reflejado en el artículo 149 de su Tratado tiene orden prioritario en la lista de los objetivos de la Unión Europea.

He podido observar desde muy cerca que los actuales temas y discusiones no les son indiferentes a los padres, sino que son justamente ellos los que los perciben con mayor intensidad. Hace ya mucho tiempo que se han dado cuenta de la importancia del idioma y lo mucho que significa el multilingüismo. Recuerdo que en la época en que mi hijo entró al jardín entre los padres se suscitaba una acalorada discusión acerca de la gran importancia del „multilingüismo temprano“ y que nuestros hijos deberían tener la posibilidad de aprovechar al máximo „el espacio de tiempo en que los niños pueden aprender mejor“. Los padres repentinamente empezaron a tomar iniciativas para que los niños tuvieran clases de inglés a partir de los 3 años de edad. Nunca más se consiguió poner en la práctica ninguna otra cosa en el jardín de mi hijo, de la manera tan rápida y sencilla como se organizó el „curso de inglés“. Ahora que mi hijo tiene 11 años, no sólo se ofrece inglés en los jardines sino que además muchos de ellos son bilingües, incluso trilingües, y su número aumenta día a día. Y ésto, por cierto, sucede a causa de la demanda de los padres.

En aquel tiempo sin embargo había otro tema que me me obsesionaba, que era la realidad bilingüe en la vida de mi hijo. Cuando él nació me encontré frente al dilema „¿en cuál de mis lenguas debo hablarle?“, y tomar una decisión al respecto no me fue fácil. Por un lado, nuestro hijo debería poder hablar con sus abuelos y con el resto de la familia en Turquía. Por otro lado, debería poder conseguir las mejores condiciones de partida de cara a su futuro. Al final decidí con el corazón y le hablé en turco, le canté canciones turcas, le conté cuentos y lo quise y mimé en turco. Para casi todos mis amigos que hablan idiomas era lógico que le hablara a mi hijo en turco. La opinión de los demás amigos y conocidos estaba dividida y me preguntaban por qué no hablaba alemán con él, teniendo en cuenta que mi alemán es perfecto. Nos movíamos todo el tiempo entre los polos del „dogmático del idioma“, es decir, entre los que defendían la posición „primero la lengua materna y después el alemán“, y los otros que creían que estábamos arruinando el futuro de nuestro hijo porque le hablábamos en turco. Además, existía la convicción de que al final nuestro hijo terminaría hablando „dos idiomas por la mitad“. Interesantemente, las dos posiciones coincidían en el error de que sólo existirían o un „bilingüismo perfecto“ o „dos idiomas por la mitad“. Millones de personas multilinguales en el mundo podrían atestiguar que esto es mentira.

Más tarde, cuando mi hijo debía entrar al jardín, empecé a hablarle en las dos lenguas porque ya era tiempo de que estuviera preparado para el nuevo idioma del jardín y pudiera con más facilidad empezar a acostumbrarse a él. Así que comencé a traducir todo lo que le decía en un idioma al otro y viceversa. Por supuesto no aguanté mucho tiempo y a partir de un determinado momento sólo le hablé en alemán. Debo confesar que me resultaba mucho más fácil ya que en alemán tengo un dominio idiomático mucho más amplio.

La gente de mi entorno y mis conocidos volvieron a desaprobarme. Los partidarios del bilingüismo sostenían que era una pena que priváramos a nuestro hijo de esa oportunidad. Y cuando estábamos de vacaciones en Turquía, nos teníamos que enfrentar a otro tipo de reproches, ante los cuales teníamos que defender con vehemencia nuestra posición. Se decía que nosotros estábamos „alemanizados“ y nuestro hijo no era en absoluto turco, etc. Nuestra respuesta acostumbrada en estos casos era: „¡Sí, así es! ¡Nuestro hijo es un berlinés con raíces turcas!“. Hoy, si pienso en el pasado, sólo puedo comprobar que tomamos la decisión correcta para todos nosotros, adecuada a la situación en la que nos encontrábamos. Nuestro hijo habla alemán con elocuencia y tiene buenas condiciones para desarrollar la ampliación del dominio lingüístico del turco, ya que tiene las bases del idioma y contactos regulares con personas que lo hablan. Hoy creo más que nunca que, sea cual sea la decisión de los padres, ésta siempre es legítima. Lo importante es la estimulación del niño en su lengua, da igual si se cría sólo con el alemán o más idiomas. El lenguaje se aprende hablando. Y esto empieza en casa.

 

Aquí encontrarán una recopilación de enlaces recomendables y documentos con relación al desarrollo lingüístico y la estimulación del lenguaje:

Columna de prensa: Jardines de infancia multilinguales

Del taller de las Cartas para Padres

Bibliografía e información en la red


Para solicitar las cartas:

llame al (030) 25 90 06 41

o envíe un correo electrónico a Nowka@ane.de